La Renuncia del Yo
Muchas veces, hemos tratado de complacer una necesidad vital tan vana como la necesidad de necesidad en si misma. Y una definición no menos compleja de esta arrogancia mezquina y sin sentido que nos lleva a caminos jamás antes sondeados por filósofos y teorías sartrianas, podría ser como he venido a llamarle, la búsqueda del verdadero yo, la búsqueda del Otaku interior.
Intrínseca parecería la búsqueda. Pero esta en si misma no existe. Existe la capacidad, pero no define su existencia en si misma. Tal vez un mundo idealizado, una realidad alterna o un cruce paradójico atemporal podrían revelar esa búsqueda, pero en verdad, su propia fatuidad la hace tan innecesaria y absurda como el mismo texto que acabo de redactar.
Paciencia deberían tener los lectores agobiados por el stress y la calumnia de la rutina, pues el relax verdadero lo encuentro al escribir tonterías. Sin embargo, una cosa es segura: esa búsqueda se ha acortado, y revelado además que en si misma no me da nada ni yo le doy nada, excepto una cosa: tiempo libre.
Una avalancha de emoción
Todo es tan prístino, básico, inmaculado.
Y sin embargo esta lleno de tanto cariño, que su emoción resbala por los filos de su costado. No reparé en lo débil que era, a veces, la entrecana visión de sus antepasados le dan un toque misterioso y acaudalado.
Nada mas alejado de la realidad, no es si no, fino alegato de simplicidad y belleza. A veces puedo tocar sus aristas, romas entre puntas y abiertas entre filos. Es muy tibio y dócil, tan dócil que da miedo poder romperlo de solo estrecharlo.
Ariel, -me dijo-, vuelas por los campos Elíseos, lleno de sulfuro y lleno de delirio, y tu voz cual devota atadura, le devuelve el doble de néctar, añejado con un suspiro.
Así soy yo me dijo, afilado, irrito, amargado. Una cicatriz muy fea no lo deja sanar del todo, será por su extraño estío. Quien sabe si ella no era prez, más si lo era de manera alguna, sabrá que no hay como ellos en el terreno de la conjetura y el desvarío.
Más aun cuando ellos regresen de su letargo airoso, no me sobraran palabras para encauzar mi filo hacia mi último destino.
Prístino.
Concertista del silencio
De una u otra manera, nuestra percepción acaba cuando despertamos. Tras largos e interminables días de elucubraciones atemporales, decido participar en un nuevo proyecto personal: la disociación de mi voluntad. Es una constante el sentimiento de culpa que tengo, y he notado que es directamente proporcional al quebrantamiento de mi voluntad. Ídem.









