Regueton = emo = caca

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Conmiseración

-Oye!-, gritó despavorida, sin siquiera tratar de despegarse de su lado, -un momento mas y nos vamos!- y luego un silencio. Un silencio mortal. Eterno, aplastante. No se escuchó nada más, en varias horas. -Que fue lo que me dijo?- me preguntaba una y otra vez, y no tenia respuesta.
Luego de varias semanas de silencio y calma, llegue a la conclusión que no podía mover el cuello. Es un poco molesto tener que admitir que las funciones motoras van desvaneciéndose, sobre todo si se tiene parkinson. -otra ves con eso!- las ideas de autodestrucción vuelven a su cabeza una otra vez. -Deja de alucinar con esas huevadas!- me decía, y luego despertaba de ese sueño largo y sinuoso que es el ser hipocondríaco. Dejar de Atormentarte debes, me decía mi yoda personal, y entonces fue que, así, de repente recordé porque había gritado tan alto, en esa misma noche lluviosa, una sombra llego derrapando del sur, una sombra que aumentaba su tamaño a medida que avanzaba entre la tormenta, era mi miedo! que, habiendo tomado forma de auto, trataba de embestirnos y aplastarnos.
Por suerte cuando todo se oscureció, había despertado. Era solo un sueño.

 

La Exageración de la nada

Seguro has comenzado a leer este texto esperando hallar conmiseración y mucha auto lástima, y la verdad es que no puedes estar más lejos de la realidad. Me jode todo, desde levantarme para prender la luz o apagarla, o si quiera levantar las nalgas para buscar el control remoto hundido al fondo en el sofá. Mientras escribo esto, recorro el filo de uno de mis dedos, tratando de buscar una cutícula que comer, pues quien no se ha comido una cutícula muy crecida o débil?

 

La Renuncia del Yo

Muchas veces, hemos tratado de complacer una necesidad vital tan vana como la necesidad de necesidad en si misma. Y una definición no menos compleja de esta arrogancia mezquina y sin sentido que nos lleva a caminos jamás antes sondeados por filósofos y teorías sartrianas, podría ser como he venido a llamarle, la búsqueda del verdadero yo, la búsqueda del Otaku interior.

 

Intrínseca parecería la búsqueda. Pero esta en si misma no existe. Existe la capacidad, pero no define su existencia en si misma. Tal vez un mundo idealizado, una realidad alterna o un cruce paradójico atemporal podrían revelar esa búsqueda, pero en verdad, su propia fatuidad la hace tan innecesaria y absurda como el mismo texto que acabo de redactar.

 

 

Paciencia deberían tener los lectores agobiados por el stress y la calumnia de la rutina, pues el relax verdadero lo encuentro al escribir tonterías. Sin embargo, una cosa es segura: esa búsqueda se ha acortado, y revelado además que en si misma no me da nada ni yo le doy nada, excepto una cosa: tiempo libre.

 

Una avalancha de emoción

Todo es tan prístino, básico, inmaculado.

Y sin embargo esta lleno de tanto cariño, que su emoción resbala por los filos de su costado. No reparé en lo débil que era, a veces, la entrecana visión de sus antepasados le dan un toque misterioso y acaudalado.

Nada mas alejado de la realidad, no es si no, fino alegato de simplicidad y belleza. A veces puedo tocar sus aristas, romas entre puntas y abiertas entre filos. Es muy tibio y dócil, tan dócil que da miedo poder romperlo de solo estrecharlo.

 

 

 

Ariel, -me dijo-, vuelas por los campos Elíseos, lleno de sulfuro y lleno de delirio, y tu voz cual devota atadura, le devuelve el doble de néctar, añejado con un suspiro.

 

 

Así soy yo me dijo, afilado, irrito, amargado. Una cicatriz muy fea no lo deja sanar del todo, será por su extraño estío. Quien sabe si ella no era prez, más si lo era de manera alguna, sabrá que no hay como ellos en el terreno de la conjetura y el desvarío.

 

 

Más aun cuando ellos regresen de su letargo airoso, no me sobraran palabras para encauzar mi filo hacia mi último destino.

 

 

Prístino.

 

 

 

 

 

 

Concertista del silencio

De una u otra manera, nuestra percepción acaba cuando despertamos. Tras largos e interminables días de elucubraciones atemporales, decido participar en un nuevo proyecto personal: la disociación de mi voluntad. Es una constante el sentimiento de culpa que tengo, y he notado que es directamente proporcional al quebrantamiento de mi voluntad. Ídem.